Santander Cultural de Porto Alegre censuró la exposición sobre cultura LGBTI, “Queermuseo: Cartografías de la Diferencia en el Arte Brasilero”, cediendo a la campaña de difamación por parte de movimientos ultracatólicos, quienes acusaban a la entidad de estar promoviendo “la ideología de género, la pedofilia y la pornografía”. También llegaron hasta el espacio de exhibición para enfrentar al público y al curador: “¿eres pedófilo, eres tarado?”.

Las instituciones dóciles se doblegan mientras los discursos de odio proliferan en boca de líderes de iglesias. La imagen más difundida tras la censura es, justamente, una asociada a la niñez “trans”. En la pintura de la artista Bia Leite, un niño ataviado con minifalda junto a otro niño en traje de baño, manos a la cintura y piernas cruzadas, posan para la cámara al lado de sendas frases: “Crianca viada, travesti da lambada”. “Crianca viada, deusa das aguas” (“Niño marica, travesti de la lambada (en referencia al baile)” y “Niño marica, diosa de las aguas”). “Esas obras fueron creadas por una artista que es miembro de la comunidad LGBTI, para hablar sobre bullying. Claramente no corresponden a un imaginario pedófilo”, señala enfático el curador de la muestra, Gaudencio Fidelis.

Yo también fui un niño travesti bailarina. ¿Acaso no saben que la travesti bailarina y la diosa de las aguas son imaginarios que la niñez trans* viste para defenderse y volar lejos? La niñez reformula las ofensas, las mofas y los estereotipos. La obra toma como referente el proyecto fotográfico tumblr “Criancas Viadas” (Niñ*s Maricas), 2012, entonces acusado en términos similares a “Queermuseu”. El proyecto creado por el periodista Iran Giusti compartía fotografías que tanto sus amig*s como la comunidad LGBTI enviaban, de sus propias niñeces, en las cuales quedaba en evidencia el quiebre con los patrones de género, incluso desde temprana edad. “No es solo debate, es mi vida, es nuestra vida, es la vida de toda la comunidad LGBT que ha pasado todo este tiempo luchando para existir”, señala el periodista.

En 2015 creamos la Fundación Transitar, un movimiento social popular que fue la primera comunidad de niñez y juventud trans* que existió en Chile (junio 2015 a junio 2017). Contó con más de setenta niñxs y jóvenes integrantes entre los cuatro y los veinte años de edad, incluyendo sus entornos afectivos. Educamos durante dos años en los ámbitos de la salud pública, escuela, ONGs, barrio y gobierno. Hoy avanza por nuevos caminos. Nuestra salida en imágenes fue una salida colectiva y por eso llevó un nombre colectivo: Transitar. Salimos en fotografías, porque salimos al mundo. Las primeras fotografías compartidas por Fundación Transitar vienen a ser las primeras imágenes de una comunidad de niñez y juventud trans participando en el espacio público y corresponden a las de la marcha del 15 de agosto de 2015 por el centro de la capital. Más que demandar el derecho a una ley de identidad de género sin amarres, se trató de demandar el derecho a existir, a tener un rostro y a expresar ideas.

Durante un primer periodo compartimos diferentes álbumes fotográficos con nuestras actividades, a través del único medio que siempre tuvimos disponible: una página facebook. Las fotos eran recuerdos de actividades públicas. Más que fotografías, hasta entonces no existía participación alguna de la niñez trans, menos de edades tempranas, en el ámbito social abierto, y resulta que muchxs adultxs nos estaban contactando por esos casos. Era urgente compartir una imagen. ¿Por qué seguían escondidxs? ¿Quién lo decidió? Siempre existió, por otro lado, gente que caminó entre sus cercanos, sin fundaciones a su lado y en regiones apartadas en muchos casos. Sus imágenes dispersas fueron un referente.

Deseamos además, crear una imagen propia distinta a la fotografía y el video. Nunca tuvimos mucho tiempo ni dinero para diseñar, pero teníamos claro que queríamos representar una niñez disidente, la Niñez Marica que no se quiere ver. Las ilustraciones y dibujos, al igual que las fotografías de niñez trans, casi no existían o bien eran muy tristes y binarias. La niñez trans “viada”, “marica”, tan real en el mundo, no existía en las imágenes. Combinamos un ramillete de flores con un botín de fútbol, los dos estereotipos, para romperlos al momento de unirlos. Esa fue la imagen de varios afiches y volantes de la Fundación Transitar. Un bototo “queer”, no binario, sapatao e sapatilha a la vez, festejando las nuevas expresiones.

“Pedófilos, abusadores de menores, esto debiera verlo un juez”. Recibimos  los mismos mensajes de odio que lxs brasilerxs. En Chile también hay personas y agrupaciones que no quieren que la niñez trans* y LGB exista. Las instituciones y el gobierno de Chile son tan o más indolentes que Santander Cultural de Porto Alegre. Ya conocemos su ejemplo frente al “Bus de la Libertad”, la Ley  de Identidad de Género y cada travesticidio. Piensan que la niñez trans* viene a diversificar el  género (otro uniforme), cuando en realidad viene a cuestionar las jerarquías. La niñez trans* y LGB, La Niñez Marica, existe pese a todo y se va rebelando a través de múltiples imágenes.

Niki Raveau

19 septiembre 2017